Edipo Rey de Sófocles (1991)

Edipo Rey de Sófocles (1991)


Mandarse a hacer Edipo Rey no es simplemente elegir un texto para representar, armar un elenco y probar suerte: es meterse en un túnel porque ya no queda otra posibilidad de supervivencia en la superficie. Un túnel con múltiples combinaciones y niveles, construído para gigantes, y no un laberintoque se regodea en desorientar a quienes lo recorren y trata de encerrarlos para siempre; un túnel que en cada una de sus salidas a los que lo atravesaron azorados una nueva constelación del teatro, el nuevo orden de su cielo. Si bien con todo lo que se hace algo se aprende, y a veces lo único que se comprueba es que uno está más cansado, viejo y más zonzo, con estos textos fundadores es imposible no arrebatar de la monótona materia teatral algo diferente, como si se llegara a un manantial de sentido. Y desde allí, el teatro se dice con qué cuenta, qué se propone y qué futuro tiene, con independencia de lo que digan los críticos, los espectadores, los actores y sus familiares, y hasta de los reclamos voraces de las modas. La presente traducción ha seguido el texto griego fijado por Jebb (Cambridge, 1900) y consultado numerosas traducciones a idiomas contemporáneos. Como ya hiciéramos en Antígona, siguiendo la idea de Hölderlin, los nombres de los Dioses se han reemplazado por su función. También se han eliminado versos de los coros, casi exclusivamente aquellos en los que se detallan incidentes mitológicos. Alberto Ure.

Si uno no tiene alianzas, amores, enemigos, quiere decir que no tiene pasado. Son varias las partes esparcidas por la ciudad que se reunieron para armar este elenco y este bosquejo abierto para ver entre columnas. No ha sido nuestro deseo realizar una reconstrucción arqueológica ni filológica; nos decidimos por una adaptación en la puesta en escena, que se construyó por fragmentos durante 14 meses de trabajo. Si bien lo que se resuelve en una puesta en escena es un espacio mental y en él hay que reincidir en lo efímero, este texto sigue produciendo textos; y seguirá tentando a no sortear el corazón de la vida… ver es gozar y ser, y no ver es “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”.
Fueron también varias las etapas en las que se nos cortó la respiración y no nos alcanzaron los pies , ni las “técnicas actorales”, ni los recuerdos, para esquivar los aguijonazos del sentido. Y eso que como rosarinos estamos acostumbrados al ejercicio de esquivar la tragedia. No la de los griegos, por supuesto, porque ya no existe, sino la nuestra. Ese lugar donde si bien no sufrís mucho, tampoco gozás demasiado. Intentar encontrar una modalidad más de salir de ese lugar es la consecución de lo que quizas sea hoy, al fin de cuentas, un destino heróico.
Un hombre puede descifrar un solo enigma en su vida. A esto nos lleva la misteriosa simplicidad de Edipo: el amor está donde uno lo encuentra. Rody Bertol.

Ficha técnica:
Traducción: Alberto Ure, Elisa Carnelli.
Elenco: Carlos Gimenes (Edipo), Cristina Solis (Yocasta), Cacho Palma (Creon), Alejandra Raimundo (Corifeo), Gustavo Trabajo (Sacerdote), Omar Serra (Tiresias), Cristian Marchesi (Mensajero), Eduardo Sánchez (Pastor), Claudia Vieder (Corifeo en coro), Marías Rosa Saccone (Coro), Ana Varela (Coro), Valeria Solomonoff (Coro), Laura Ottado (Coro), Mariela Gonzalez (Coro).

Escenografía: Eduardo Rodes, Diego Siliano.
Planta de luces: Guillermo Mainardi, Marcelo Ibarra.
Vestuario: Dante Taparelli.
Música, Banda de sonido: Pichi de Benedictis.
Gráfica: Javier Armentano.
Fotografías: Eduardo Fornarini, Juan Manuel Hasik.
Asistente de dirección: Gustavo Trabajo, Alejandra Raimundo.
Dirección y puesta en escena: Rody Bertol.

Habilidades

Publicado el

31 agosto, 1991